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Book SIERRA, JAVIER 1
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Book SIERRA, J. 1 .SOURCE. BT 1/23/07
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On Order

Summary

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Javier Sierra, autor del bestseller internacional LA CENA SECRETA, nos ofrece ahora una novela de misterio e intriga sobre una de las leyendas más antiguas y extrañas de América -la dama azul.

En Los Ángeles, Jennifer Narody, antigua espía del Departamento de Defensa, sueña repetidamente con una fantasmagórica mujer vestida de azul. Jennifer no lo sabe, pero ese mismo espíritu se apareció más de tres siglos atrás a los jefes de una tribu indígena de Nuevo México. Al parecer, la verdadera responsable de aquellos sucesos fue una monja española que podía "bilocarse" -esto es, que tenía la habilidad de estar en dos lugares a la vez.

Mientras, en España, una nevada deja aislado al periodista Carlos Albert en el remoto pueblo de Ágreda. Allí conocerá el convento que fundó en el siglo XVII aquella mujer de hábitos azules. Intrigado por sus poderes, decide investigar.

Estos hilos, unidos por el presunto suicidio de un sacerdote en Roma, llevarán a Carlos hasta Los Ángeles, donde las pesadillas de Jennifer Narody guardan la clave de un misterio que la Iglesia Católica, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos y otras misteriosas fuerzas de las que es mejor no hablar, están empeñados en ocultar. El secreto de las bilocaciones de la dama azul está en juego.


Reviews 1

Publisher's Weekly Review

Sierra (La cena secreta; Plaza & Janés, 2005) has made a career out of his interest in historical mysteries. First published in Spain in 1998, this novel is the result of seven years of research and is based on factual evidence and historical documents. In the 17th century, when missionaries arrived near the Rio Grande in New Mexico, they were astonished to learn that a blue lady had already been there and had prepared the natives' hearts and minds for Christianity. Fearing satanic involvement, agents of the Inquisition investigated the case and discovered that a young nun had repeatedly traveled to New Mexico to evangelize the native tribes--without leaving her cloister in Spain. The nun's deposition produced a veritable manual for bilocation--the ability to be in two places at once--a skill that has extensive military application in the present day. The ensuing battle either to protect or to develop this skill involves the U.S. military, the Vatican, the media, and others. Ecclesiastical intrigue, secret societies, and a mysterious murder beg comparison with Dan Brown's The Da Vinci Code, but the premise is far less theologically provocative. An entertaining page-turner; recommended for public libraries and bookstores, particularly where there is interest in Southwestern lore or alternative spirituality.--Carolyn Kost, Stevenson Sch. Lib., Pebble Beach, CA (c) Copyright PWxyz, LLC. All rights reserved All rights reserved.


Excerpts

Excerpts

UNO Venecia, Italia Primavera de 1991 Con paso ligero, el padre Giuseppe Baldi dejó atrás la plaza de San Marcos con las últimas luces del día. Como de costumbre, caminó en dirección a la orilla de los Schiavonidonde tomó el primer vaporetto con destino a San Giorgio Maggiore. Laisla que aparece en todas las postales de Venecia fue en otro tiempo propiedad de su orden y el viejo sacerdote siempre la contemplaba connostalgia. Las cosas estaban cambiando muy deprisa. Todo parecía sujetoa mutación en aquellos tiempos inestables. Incluso una fe, la suya, quecasi tenía dos mil años de historia a sus espaldas. Baldi consultó su reloj de pulsera, aflojó el último botón de su hábito y, mientras buscaba un asiento libre junto a la ventana, aprovechó para limpiar los cristales de sus diminutas gafas de alambre. -- Pater noster qui es in coelis ... -- murmuró en latín. Tras ajustarse las lentes, el benedictino comprobó que el hermoso horizonte de la ciudad de los cuatrocientos puentes se teñía de tonos naranjas. -- ... sanctificetur nomen tuum ... Sin dejar de recitar su letanía, el padre admiró el crepúsculo al tiempo que echaba un discreto vistazo a su alrededor. <>, pensó. El vaporetto, el familiar autobús acuático blanco de los venecianos,estaba casi vacío a esa hora. Sólo una pareja de japoneses y tresbecarios de la Fundación Giorgio Cini a los que Baldi conocía de vista, parecían interesados en su servicio. <<¿Por qué seguía haciendo aquello?>>, se preguntó. <<¿Por qué seguía mirando de reojo a lospasajeros del barco de las seis, como si fuera a descubrir entre ellos las cámaras de un periodista? ¿No llevaba ya suficientes años refugiado en la isla, a salvo de todos ellos?>> Catorce minutos más tarde, su transporte lo apeó en un feo embarcadero de hormigón. Al abrirse la compuerta, el bofetón de aire frío los despabiló a todos. Ninguno le prestó atención al bajar. En el fondo, Baldi adoraba que su vida en la isla fuera tan tranquila. Cuando llegara a su celda se asearía, se cambiaría de calzado, cenaría con la comunidad y se encerraría a leer o a corregir algunos exámenes pendientes. Había seguido aquel rito desde su llegada a la abadía diecinueve años atrás. Diecinueve años de paz,cierto. Pero siempre en guardia, a la espera de una llamada, una carta o una visita indiscreta. Esa era su condena. La clase de carga que jamás se quitaría de encima. Pero Baldi se esforzaba por no caer en la obsesión. ¿Existía una vida más placentera que la entregada al estudio? El buen religioso no albergaba dudas al respecto. Sus ocupaciones en el conservatorio Benedetto Marcello como profesor de prepolifonía leproporcionaban la calma que jamás conoció en su juventud. Sus alumnos eran aplicados. Acudían a sus clases con moderado entusiasmo y él les explicaba cómo era la música anterior al año mil, salpicando sus lecciones con curiosas anécdotas. El claustro de profesoreslo admiraba, incluso cuando dejaba de impartir sus clases abstraído en alguna investigación. Y los estudiantes lo respetaban. En consecuencia, sus horarios habían terminado por convertirse en los más flexibles del centro. Y sus lecciones, las más solicitadas. Pero tantas facilidades nunca lograron distraerlo de sus otros intereses. Eran tan discretos y antiguos que rara vez hablaba de ellos con nadie. Baldi llegó a la isla de San Giorgio en 1972, exiliado por culpa de la música. Allí, la Fundación Cini le ofreció más de lo que se hubiera atrevido a pedir a su obispo: una de las mejores bibliotecas de Europa, un centro de convenciones que había sido varias veces sede de conferencias de la UNESCO, y dos institutos consagrados a la música veneciana y a la etnomusicología que lo embriagaron. Hasta cierto punto era lógico que los benedictinos hubieran creado aquel paraíso para musicólogos en San Giorgio. ¿Quién si no los hermanos de la Ordo Sancti Benedicti podrían ocuparse con tanta devoción de tan antiguo arte? ¿Acaso no fue el propio San Benito quien, al fundar su Orden en el siglo VI, sentó las bases de la moderna ciencia musical? Baldi era un experto en la materia. Él, por ejemplo, fue el primero en darse cuenta de que la regla de San Benito, la única que obligaba a ocho servicios religiosos diarios, se basaba por entero en la música. Era un secreto fascinante. De hecho, cada uno de los <> que todavía hoy se emplean en la composición de las melodías musicales había inspirado las oraciones que sus hermanos recitaban adiario. Baldi demostró que la oración de maitines (la de las 2 de lamadrugada, en invierno) se correspondía con la nota do . Que los laudes, al amanecer, equivalían a re. Los oficios de la hora primera, la tercia y la sexta -- las 6, 9 y 12 de la mañana -- a mi , fa y sol . Que la hora de mayor luz, la nona, a las 3 de la tarde, <> como la , y las vísperas, a la puesta del sol, como si . Esa era la clase de lecciones que lo habían hecho famoso. <<¡Horas y notas están relacionadas!>> -- decía con vehemencia a sus alumnos -- . <<¡Rezar y componer son actividadesparalelas! ¡La música es el verdadero lenguaje de Dios!>> Pero el veterano Baldi guardaba más hallazgos bajo los hábitos. Sus tesis eran deslumbrantes. Creía, por ejemplo, que los antiguos no sólo conocían la armonía y la aplicaban matemáticamente a su música, sino que ésta era capaz de provocar estados alterados de conciencia que permitían a sacerdotes e iniciados del mundo clásico acceder a parcelas <> de la realidad. Su idea polemizó durante décadas con otras que defendían que esas sensaciones de elevación espiritual siempre se consiguieron gracias a drogas alucinógenas, hongos sagrados o substancias psicotrópicas. ¿Y cómo usaban la música? Baldi lo explicaba cuando laconversación se animaba. Admitía que a los sabios del pasado les bastaba desarrollar una sintonía mental adecuada para recibir información del <>. Decía que en ese estado, brujos y místicos podían revivir cualquier momento del pasado, por remoto que fuera. Dicho de otro modo, según él, la música modulaba la frecuencia de las ondas del cerebro y estimulaba centros de percepción capaces de navegar en el tiempo. <> Muchos cuestionaban las ideas vanguardistas del padre Baldi. Sin embargo, las polémicas jamás avinagraron su rostro jovial y amigable. Su melena de plata, su porte atlético y su mirada franca le conferían un halo de conquistador irresistible. Casi nadie reparaba nunca en sus sesenta y cinco años. De hecho, de no haber sido por su voto de castidad, Baldi habría roto los corazones de muchas alumnas. Y los de sus madres. Aquel día, ajeno a lo que estaba a punto de sucederle, Baldi entró en su residencia con la sonrisa y la prisa de siempre. Apenas se fijó en que el hermano Roberto le esperaba en la puerta con cara de querer decirle algo. Copyright (c) 2007 por Javier Sierra Excerpted from La Dama Azul by Javier Sierra All rights reserved by the original copyright owners. Excerpts are provided for display purposes only and may not be reproduced, reprinted or distributed without the written permission of the publisher.